Hace 20 años, el derecho chiricano Santos Hernández formó parte del equipo de Panamá que jugó en el primer Clásico Mundial de Béisbol, pero por decisiones técnicas, fue el único de los 13 lanzadores criollos que no actuó. Ahora su hijo Kenny Hernández tiene la posibilidad de cerrar un capítulo que quedó incluso.
"Saber que mi papá, aunque no pitcheo, estuvo en el equipo (de Panamá) y yo ahora pueda seguir sus pasos es algo que me llena de orgullo", comentó Kenny quien viene de cumplir una muy buena campaña en la Liga Invernal de República Dominicana con los bicampeones Leones del Escogido.
"Estoy contento de que se me pueda dar la oportunidad de lanzar y poder ayudar al equipo durante el torneo", agregó el izquierdo de 27 años y 6'1'' de estatura quien se unió a las prácticas del conjunto panameño en el Rod Carew la tarde del martes de carnaval.
KENNY HERNÁNDEZ Y SANTOS HERNÁNDEZ, MÁS QUE SANGRE Y PARENTESCO
Más allá de que por sus venas corre la misma sangre, Kenny y Santos tienen muchas cosas en común. Ambos fueron firmados para jugar pelota profesional llegando hasta Triple AAA.
Tras su paso por la pelota estadounidense, Santos hizo una buena carrera en México llegando a convertirse en uno de los mejores cerradores que han visto acción en la Liga de Verano y también dejó su huella en la pelota invernal de Venezuela con el Pastora de los Llanos. Kenny ha tomado un camino similar actuando en la liga veraniega mexicana y en invierno tanto en Venezuela como en Dominicana.
Volviendo al tema del Clásico, Kenny señaló que a su familia le llena de mucha que él participe en el Clásico ya que ellos "son muy beisboleros también y están ilusionados de que yo pueda hacer un buen papel ya que creen que tenemos un buen equipo".
Es posible que si a Santos le hubiesen dado la oportunidad de enfrentar al menos a un bateador en el Clásico del 2006, ahora estaríamos cerca de ver a la primera pareja de padre e hijo en jugar en un evento de ese tipo, . Aún así, a Kenny le emociona el saber que tendrá la oportunidad no solo de cumplir el sueño de que un miembro de la familia Hernández pueda actuar en la máxima cita del béisbol, sino también ayudar a la tropa criolla a conseguir el anhelado pase a la segunda ronda.