España-Alemania: Jugar para presionar, presionar para jugar

Análisis táctico del partido entre España y Alemania por el grupo E que se saldó con empate para ambos conjuntos

Jaime Alvarado
Por Jaime Alvarado
jaimej1195@gmail.com

España y Alemania dejaron uno de los duelos más bonitos en lo que llevamos del Mundial. Tanto en lo táctico como en lo emotivo los dos honraron su condición de máximos aspirantes para hacerse con la copa. No podía ser de otra manera con tanto talento sobre el verde.

Yendo a la pizarra, Luis Enrique y Hansi Flick entendieron como querían imponerse en el partido. Por eso la paridad fue tan alta entre ambos equipos, porque se anularon, cada una con sus formas y matices, pero convergiendo sobre un mismo punto: la presión.

Este partido se estribó desde la presión de Alemania y el intento de superar la misma de España. Flick plasmó un 4-2-3-1 y desde ese módulo con tres volantes (Gundogan como mediapunta escudado por Goretzka y Kimmich detrás) buscó cortocircuitar el centro del campo español. En el inicio de la jugada Busquets, Gavi y Pedri tenían a un germano encimando para dificultar recepciones a espaldas de la primera línea. Musiala y Gnabry en intermedias controlando a laterales y Muller sacrificado para presionar a Rodri y Laporte. Cuando el balón iba sobre un sector, uno de los pivotes soltaba su marca para proteger de cerca al otro, hacerle coberturas a su espalda, o ganar caidas y segundas jugadas.

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Pese a esto ´La Roja´ logró sumar algunas salidas, sobre todo en sector izquierdo haciendo uso de diversas dinámicas: Pedri bajo, Alba alto, Olmo por dentro, atraer con centrales, redundar la circulación sobre un mismo carril y otras tantas. Algunos movimientos complementarios que les permitieron salir, pero que necesitaban de un nivel de circulación de pelota exagerado y hacer las cosas muy bien para viajar al último tercio.

Pasados los minutos España demandó estirar más la altísima línea rival, atacarla. Solo Olmo lo interpretó bien, colándose entre mal parado Kherer y un pesadísimo Sule, generando sensación de peligro con esas picadas. Sus colindantes en ofensiva se quedaron cortos en lo que demandaba el partido. Ferran estuvo más inactivo en un contexto ideal y Asensio solo supo sumar descargas; ni movimientos al espacio y mucho menos giros tras recepción entre líneas para sacar a los suyos.

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Cuando Alemania dispuso del esférico, España homologaría lo que hacían los germánicos: presionar alto e intentar hacerse con el balón lo más rápido posible. Pero aquí había matices disimiles en el pressing: uno de los extremos iba con centrales, mientras el punta caía sobre el otro central. Esto generaba responsabilidades en Carvajal de tener que dejar a Musiala y apretar a Raum, porque las salidas se construían por ese sector especialmente. De ahí nació una ocasión de mucho peligro que finalmente hizo que Carvajal ya se quedara con Jamal de forma definitiva.

Mención especial para Jamal Musiala, que alternó cambios de pie a pie con balón, gestos, controles orientados y un sinfín de recursos a velocidad relámpago que lo sitúan como líder absoluto en ataque de este equipo, un prodigio de 19 años, pero con la veterania de quien llevase 4 mundiales a sus espaldas.

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UN GUIÓN DISTINTO POR CADA CAMBIO

Para la segunda parte, y con el ingreso de Morata, los de Luis Enrique encontraron esa tan necesaria ruptura. El delantero del Atlético con su aparición tanto en el descenso más cerca de medios, como atacando directamente a la última línea, les brindó a los volantes de España ese margen para salir y conquistar las zonas más deseadas, así como una amenaza real aprovechando que ´La Mannschaft´ subía mucho a sus defensas.

Esto le puso al borde del precipicio hasta que Sané ingresó. Leroy aportó desequilibrio, veneno y la creatividad que solo había encontrado previamente con Musiala, pero, sobre todo, libero al propio Jamal, que telegrafió cada movimiento y pase que le daba su compañero del Bayern. Mezclando toques cortos, regates y paredes en espacios inexistentes acabaron por reventar la última línea española y empatar de forma justa un encuentro que fue principalmente eso, una lucha entre dos equipos que se presionaron, se dominaron por tramos, y se repartieron los puntos. Dos equipos que reflejaron en su máxima expresión uno de los paradigmas del fútbol actual.

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