Con un rendimiento aplastante, el Paris Saint Germain arrolló al Real Madrid con un 4-0 demoledor y aseguró su pase a la final del Mundial de Clubes, donde enfrentará al Chelsea. El equipo de Luis Enrique dominó con autoridad desde el primer minuto y supo capitalizar los errores defensivos del conjunto blanco.
Desde el pitazo inicial, el cuadro parisino impuso su ritmo. En apenas cinco minutos ya ganaban tras un error garrafal de Raúl Asencio, que perdió el balón ante la presión rival.
Fabián Ruiz aprovechó la ocasión y marcó a placer. A los siete minutos, otro fallo, esta vez de Rüdiger, permitió a Dembélé ampliar la ventaja con un remate certero frente a Courtois. El PSG no solo fue superior técnica y físicamente, también lo fue mentalmente, y lo demostró durante todo el compromiso.
Ya con dos goles en contra, los merengues intentaron una tímida reacción. Vinicius y Mbappé intentaban desbordar por bandas, aunque sin éxito. La presión alta del PSG anuló cualquier atisbo de respuesta. En una jugada coral de gran precisión, Fabián volvió a aparecer para firmar su doblete y poner el 3-0 antes del minuto 25, dejando al Madrid desarmado y con la semifinal prácticamente sentenciada.
A pesar de los intentos individuales, el equipo de Xabi Alonso no logró conectar ni encontrar soluciones colectivas. Los minutos finales del primer tiempo fueron un suplicio para los blancos. El conjunto francés, perfectamente ordenado, recuperaba, transitaba y llegaba con peligro constante, mientras los madridistas vagaban por el campo sin ideas. Al descanso, la diferencia parecía insalvable.
En la segunda mitad, los españoles adelantaron líneas buscando un milagro, pero la tónica no cambió. Dembélé marcó otro tanto que fue anulado por fuera de juego, y Kylian Mbappé, aunque activo, no logró concretar sus oportunidades. Más adelante, Xabi Alonso realizó variantes significativas: entraron Modric y Lucas Vázquez, quienes pudieron estar disputando sus últimos minutos con la camiseta blanca. También regresaron al campo tras largas lesiones Carvajal y Militao.
El regreso de ambos defensores fue una de las pocas noticias positivas para el Real Madrid. Militao, en especial, mostró carácter y tuvo un par de intervenciones destacadas, incluido un remate que obligó a Donnarumma a emplearse a fondo. Carvajal, por su parte, recibió amarilla poco después de ingresar, evidenciando la frustración del equipo.
Hacia el final, el PSG cerró la faena. Gonçalo Ramos, tras una gran combinación con Barcola, firmó el 4-0 definitivo.
Fue la cereza sobre un pastel amargo para el Real Madrid, que no solo fue superado, sino que se vio completamente superado en todos los aspectos del juego. Luis Enrique, mientras tanto, dio descanso a varios titulares de cara a la gran final del domingo contra el Chelsea.
El balance final para el Madrid deja muchas dudas. Lo que comenzó con grandes expectativas bajo el mando de Ancelotti y luego con la llegada de Alonso, terminó de forma desastrosa. El PSG fue un equipo formidable, con un juego coral, disciplinado y lleno de variantes ofensivas. El Madrid, en cambio, lució sin cohesión, sin ideas y con errores impropios de este nivel.
Raúl Asencio y Rüdiger, protagonistas negativos de la noche, dejaron en evidencia la fragilidad defensiva blanca en ausencia de Dean Huijsen. Por otro lado, Dembélé fue un demonio imparable, transformado bajo la dirección técnica de Luis Enrique. Lo que antes era anarquía, ahora es potencia y compromiso.
En este contexto, los parisinos parecen haber alcanzado su punto máximo de madurez futbolística. Con Achraf, Nuno Mendes, Fabián y Dembélé en estado de gracia, el equipo galo amenaza con conquistar el torneo. El Mundial de Clubes tendrá un cierre de lujo con una final entre PSG y Chelsea, mientras que el Real Madrid regresa a casa golpeado y con muchas tareas pendientes.


