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LPF: Balón chiricano, dominio chorrerano

Análisis de juego por parte de Jaime "El Pep" Alvarado, participante del programa "El Desmarque".

La victoria del CAI sobre el Atlético Chiriquí dejó un choque de estilos y la imposición de forma contundente del plan de partido de Franklin Narváez sobre su homologo, el entrenador Dayron Pérez. Los chorreranos harían valer su capacidad de asfixiar sobre primeras líneas secando desde el minuto 0 los intentos de progresión en corto del conjunto chiricano. Para ello, estructuraron una presión en 4-4-2 con comportamientos muy diferenciados.

Lo primero sería hacia dónde y cómo orientar los saltos en esa fase inicial del oponente. Por derecha se taparía de forma contenida para liberar el sector izquierdo, y que José Ortega fuera el encargado del primer pase hacia adelante de los suyos. Una vez que esto sucedía ya se daban los emparejamientos. Ahí CAI cerraba y saltaba de forma agresiva, obligando a Chiriquí a enviar melones sobre los de arriba que, ya fuera por pura imprecisión o por ventaja de la última línea, los zagueros podían controlar sin mayores complicaciones. (Dibujo de abajo).

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El siguiente punto era el cómo atacar. CAI, incluso antes de la expulsión, se limitó a jugar directo. Una vez estaba asentado su bloque en campo contrario, había poca elaboración y envíos largos para conseguir segundas jugadas, y en caso de no conseguir ganar ese balón, llevar alto al equipo para seguir presionando e incomodando la salida rival. El plan tuvo sus frutos, pues el Atlético no le encontró la vuelta de tuerca para salir limpio de la misma. Y cuando pudo girar el juego para tocar por el otro costado, “Los Vikingos” se estrechaban y tomaban la misma conducta férrea que por izquierda.

Atasco en ataque

El Atlético solo podía escalar en el campo por empuje más que por orden. Un factor que acabaría decantando la balanza, pues ir a remolque les expuso a las transiciones enemigas desde la zona central. Se podría decir que la expulsión benefició a los de Narváez, porque entre más bajo defendió mejor pudo dañarlos.

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Cuando el CAI se hundía y despejaba, la vigilancia ofensiva de los chiricanos no fue contundente. Tampoco lo eran los ataques, que en ese caos por llegar al área no permitían al equipo construir redes de seguridad para la caída, y que en la contrapresión se hiciesen con el cuero para generar una continuidad positiva en sus acciones ofensivas. A esto se le debe sumar las aventuras en campo contrario de Yeison Ortega y su endeblez en los duelos, que entregaban espacios enormes para ser explotados.

De Ávila a Ávila

Las perdidas por carril central, sin importar la altura, muchas veces propician sangrantes contragolpes. En ese escenario salen dos nombres que fueron diferenciales. Tanto Víctor como Marlon, homónimos de apellido, fueron los encargados de volar por las ventanas laterales. El primero haciéndose con los despejes de sus compañeros para conducir y llevar al equipo a campo contrario; el segundo para encarar y finalizar las acciones, pese a que su par (José Ortega) se mostró expeditivo en sus duelos, al final acabaría ganándole la partida.

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Imposible dejar fuera a jugadores como Caicedo, vital para ganar segundos desde su corpulencia actuando como poste y dando tiempo a los que venían en carrera al momento de transitar. Y por supuesto, Águila, que desde el traslado -vital en el segundo gol- y el robo desnudaba las líneas del Atlético Chiriquí. Al final, el CAI se hizo con el duelo y con la tabla de su conferencia de forma apabullante.

FUENTE: Jaime Alvarado

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